En el hombre, la misericordia está relacionada con el dolor, la tristeza y la piedad. Sin embargo, tal no es el caso con respecto a Dios. La misericordia, siendo el mismo Dios misericordioso, es un atributo esencial por el cual Dios se inclina a acudir en ayuda de una criatura en su miseria.
Aunque el miserable es objeto de la manifestación de la misericordia divina, la miseria no es sin embargo la causa motivadora de la misericordia de Dios, sino que brota de la bondad de Dios, que en su manifestación hacia el miserable se denomina misericordia.
Cuando Dios se reveló a Moisés, se llamó a sí mismo misericordioso (Éxodo 34:6). El Señor Jesús se refiere a esta misericordia como un ejemplo digno de imitar. “Sed, pues, misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” (Lucas 6:36).
—Herman Bavinck,
Nuestro Maravilloso Dios