“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual “QUIERE” que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. (1 Timoteo 2: 3, 4)
El verbo griego que se traduce en la RV por "quiere", es el griego original thélō (θέλω), y sus significados directos en cualquier diccionario o léxico bíblico incluyen "desear", "querer", "anhelar" o "desear fervientemente".
Pero existe una clara diferencia entre “querer” y “desear”.
Que Dios "desee" algo abre dos caminos de interpretación:
1. El deseo de complacencia (Su naturaleza vs. Su decreto)
Hay una gran diferencia entre lo que a Dios le causa agrado o delicia según Su carácter santo (Su deseo), y lo que Él decide ejecutar soberanamente en la historia (Su decreto).
• El ejemplo clásico: Dios no desea ni se deleita intrínsecamente en el pecado, ni se goza en la muerte del impío (Ezequiel 18:23). Su naturaleza santa desea la virtud, la verdad y la vida.
• Por lo tanto, en 1 Timoteo 2:4, thélō expresa el deseo moral o la benevolencia general de Dios: a Él le agrada que las personas se salven y conozcan la verdad porque la salvación refleja Su bondad.
Sin embargo, ese "deseo" no es un decreto soberano que Él decida forzar o activar para cada individuo del planeta, pues de lo contrario, al ser omnipotente, todos se salvarían de forma automática.
2. El contraste con otro verbo griego: Boulómai
Cabe contrastar thélō con otro verbo griego para "querer": boulómai (βούλομαι).
• Thélō (el usado aquí): A menudo implica una inclinación del corazón, un deseo o una disposición emocional hacia algo.
• Boulómai: Suele referirse a una intención deliberada, un plan predeterminado, un consejo o una decisión de la voluntad que se va a ejecutar (un decreto).
Si el texto hubiera dicho que Dios boulómai (decretó con determinación inquebrantable) que cada individuo se salve, nos veríamos obligados a abrazar el universalismo (que todos se salvan al final), pero al usar thélō, se entiende que Pablo describe el anhelo del corazón divino y complaciente de Dios, el cual coexiste con Su decisión soberana y secreta de elegir sólo a algunos para salvación eterna por razones que solo Él conoce.
3. El problema del Dios soberano vs. El Dios frustrado
Enfatizamos la soberanía absoluta de Dios. Las Escrituras declaran que Dios "hace todo lo que quiere" (Salmo 115:3). Esto aclara toda cuestión.
• Si se interpreta que Dios "desea ardientemente" salvar a cada individuo de la historia humana, pero millones de personas terminan en el infierno, significaría que la voluntad humana derrotó el deseo de Dios.
• Un Dios que quiere hacer algo, pero no puede lograrlo porque el hombre se lo impide dejaría de ser un Dios soberano. Dado que la Biblia enseña que los decretos de Dios siempre se cumplen, la palabra "quiere" no puede aplicarse a una salvación universal individual.
“Soli Deo Gloria”